Cómo manejar esas conversaciones incómodas?

Home » Blog » Cómo manejar esas conversaciones incómodas?

“¿Cómo le digo algo incómodo a alguien sin que se moleste?”
“¿Cómo pido un cambio sin generar conflicto?”
“¿Cómo pongo un límite sin herir?”

La respuesta, aunque parece paradójica, no empieza con el otro. Empieza con uno mismo.

Antes de sostener una conversación que puede generar molestia o malestar en el otro, hay una condición previa que la mayoría de las personas salta: haber aprendido a reconocer nuestra propia incomodidad, lo que conlleva los siguientes pasos: 

Paso 1: La oscuridad que todos llevamos

Cuando se habla de oscuridad, no es en referencia a algo patológico ni moral. Son esas zonas de nuestra personalidad que preferimos no mirar: el orgullo herido, la necesidad de tener razón, el miedo al rechazo, la incomodidad con nuestra propia vulnerabilidad, la tendencia a evitar, a justificarnos o a culpabilizar.

En el ámbito laboral, esa oscuridad aparece cuando evitamos dar retroalimentación directa porque no soportamos la tensión. En lo personal, cuando callamos algo importante para no quedar como “malos” ante los demás.

Si no reconocemos esas partes en nosotros, cualquier conversación incómoda se convierte en un campo de batalla inconsciente: proyectamos, acusamos, nos defendemos o directamente nos retiramos.

Paso 2: El auto-cuestionamiento como herramienta (no como castigo)

Una vez que reconocemos que también tenemos sombras, viene el segundo movimiento: auto-cuestionar nuestros errores. No se trata de flagelarse, sino de hacerse preguntas sinceras:

  • ¿Qué he hecho yo (por acción u omisión) que haya contribuido a esta situación que me incomoda?
  • ¿En qué momentos he evitado hablar antes por miedo a mi propia incomodidad?
  • ¿Qué parte de mi malestar actual no es solo culpa del otro, sino también de mis expectativas no gestionadas?

Este ejercicio no es fácil. Por eso muchos lo evitan. Duele reconocer que quizá llegamos tarde a ciertas conversaciones, que permitimos dinámicas tóxicas por no actuar a tiempo, o que nuestro tono o momento para hablar han sido poco cuidadosos.

Pero aquí está la clave profesional No podemos resolver lo que no estamos dispuestos a enfrentar en nosotros mismos. Si no enfrentamos lo más desagradable de nuestro propio comportamiento, cualquier conversación difícil derivará en defensa, ataque o huida.

 

Paso 3: Enfrentar lo desagradable internamente

En mi trabajo con equipos o individual (en contexto laboral y personal), observo que las personas más hábiles para las conversaciones incómodas no son las que nunca se equivocan. Son las que han aprendido a sentarse con su propia incomodidad antes de sentarse con la del otro.

¿Cómo se entrena eso?

  • Dedicando tiempo a la auto-observación sin juicio inmediato.
  • Reconociendo en voz alta (al menos con uno mismo o con un profesional) aquello que preferiríamos ocultar.
  • Diferenciando entre sentir culpa (que nos paraliza) y asumir responsabilidad (que nos moviliza).

En lo laboral, esto significa, por ejemplo, que antes de llamar la atención a un colaborador por bajo rendimiento, el líder se pregunta: ¿He sido claro en las expectativas? ¿He dado los recursos necesarios? ¿He evitado esta conversación por semanas?

En lo personal, antes de pedir un cambio a la pareja o un amigo: ¿He expresado mis necesidades de forma clara antes? ¿He escuchado realmente o solo esperado mi turno para hablar?

Paso 4: Entonces sí, la práctica conversacional con los demás

Cuando hemos hecho este trabajo interno —reconocer nuestra oscuridad, auto-cuestionarnos, enfrentar lo desagradable—, la conversación con el otro cambia de naturaleza.

Ya no vamos a decirle una verdad para liberarnos o para ganar.
Vamos con humildad activa, sabiendo que también tenemos responsabilidad.
Vamos con menos rigidez, porque ya hemos mirado nuestras grietas.
Vamos con más capacidad de escucha, porque ya no necesitamos defendernos tanto.

Y lo más importante: podemos sostener el malestar del otro sin derrumbarnos, porque hemos aprendido a sostener el nuestro.

Una práctica para esta semana

Si estás por tener una conversación que anticipas como incómoda en tu equipo, con tu jefe, con tu pareja, con un familiar, te invito a hacer este ejercicio previo (solo para ti, sin enviarlo a nadie):

  1. Reconocer: ¿Qué parte de mi oscuridad está activa aquí (miedo, orgullo, control, evitación)?
  2. Auto-cuestionar: ¿Qué error o responsabilidad mía no quiero ver?
  3. Enfrentar: ¿Qué sensación desagradable (vergüenza, culpa, miedo) estoy evadiendo?
  4. Recién entonces: ¿Cómo puedo abrir esta conversación desde esa conciencia?

Esto se trata de  preparación de la conversación. tener una integridad relacional: alinear lo que dices con lo que has resuelto primero en ti.

Porque las conversaciones incómodas no se tratan de no herir. Se trata de herir menos, reparar más y construir desde la verdad responsable.

¿Te ha pasado que evitas una conversación incómoda y después la situación empeora?
*Recuerda: la incomodidad no es enemiga, es maestra. *

 

Por Karolina Pazmiño

Psicóloga Organizacional y Coach en Management y Liderazgo.

Posted on